En la política ecuatoriana obtener un pico alto de apoyo popular es algo realmente complicado, complejo y efímero, señala el analista político, José Manuel Portugal, director de la carrera de Derecho de la UIDE Guayaquil.
Añade que, ante la coyuntura actual y la novel experiencia por parte del ejecutivo, mantener el respaldo que tuvo en las urnas es realmente un reto que amerita un ejercicio con estrategias claras y bien estructuradas que involucra especial atención a algunos ejes específicos:
• Seguridad y justicia: Bajar los índices de inseguridad y criminalidad es y debe ser la prioridad uno del gobierno nacional pero la estrategia de seguridad debe ir de la mano con la depuración en el sistema de justicia.
• Salud y bienestar: El sistema de salud pública está atravesando una situación bastante crítica que amerita una atención inmediata por parte del estado
• Educación: Mejorar la calidad de nuestro sistema educativo es también otro pendiente importante y neurálgico para el desarrollo de las futuras generaciones. Mejorar el acceso, la infraestructura, el pensum académico, la calidad docente, la salubridad, la seguridad interna y externa en instituciones educativas, el desayuno escolar, entre otros temas.
• Desarrollo económico sostenible: Aumentar la inversión privada, el nivel de productividad, disminuir la tasa de desempleo, lograr reformas laborales, disminuir los niveles de pobreza son algunos de los retos claves que enfrenta el actual gobierno.
• Infraestructura energética: La potenciación de la infraestructura de generación eléctrica es vital para evitar futuros apagones.
• Asamblea Constituyente: La única manera de viabilizar cambios radicales profundos y estructurales en la Constitución, necesarios para redirigir el rumbo de nuestro país es la Asamblea Constituyente
Cumplir las promesas de campaña es fundamental para cambiar esa noción generalizada de ser un gobierno que solo se basa en promesas y mentiras, hacerlo reforzaría la endeble credibilidad en el ejecutivo.
Sobre la relación del Ejecutivo con la Asamblea Nacional, José Manuel Portugal, afirma que tras los resultados electorales favorables al Presidente de la República y al bloque legislativo de ADN le ha permitido al movimiento oficialista lograr una mayoría en la asamblea aunque inestable y no tan consolidada le permite cierto espacio de maniobra al presidente para, al menos al principio, poder contar con los votos suficientes para la mayoría simple y absoluta necesaria para la aprobación de leyes pero insuficiente como para lograr reformas constitucionales. Lograr la mayoría calificada para tales fines al parecer no va a ser posible por lo que si el anhelo del equipo de gobierno es en efecto lograr reformar la constitución al parecer la asamblea nacional no sería la vía para hacerlo.
El camino legislativo recién inicia y como se avizoraba el bloque oficialista tomó ventaja por sobre el bloque de oposición, pero el accionar político especialmente en lo legislativo no puede ser autoritario y a mi criterio si el gobierno sigue en esa postura de exceso de confianza y replicando las prácticas del correísmo en su momento más temprano que tarde hará que todo lo armado se derrumbe cual castillo de naipes. De no rectificar, los propios errores del gobierno harán que en un corto tiempo los votos de los aliados e independientes que hoy votan con el oficialismo, puedan variar su postura generando problemas en la gestión gubernamental.
Con relación al peligro existente de que el gobierno de Noboa cometa el mismo error del expresidente Correa, al tratar de controlar todos los poderes del Estado, el analista José Manuel Portugal manifiesta que lo hecho hasta ahora, durante el ejercicio de gobierno por el actual presidente y su equipo denota en gran medida un accionar repleto de odio y revanchismo que no busca un consenso nacional sino por el contrario, aparentemente aislar, desaparecer y hasta humillar a opositores, replicando claramente las acciones que realizaba el correísmo tratando de captar los diferentes poderes del estado, violentando la institucionalidad y la separación de poderes, es decir, el hiperpresidencialismo en su máxima expresión aunque con incierta y efímera legitimidad sin tener en claro hasta cuando sin que se genere un estallido social que haga disminuir el índice de popularidad del presidente.
