La capital ecuatoriana volvió a vibrar este sábado con la segunda noche del esperado regreso de Shakira, quien ofreció un espectáculo cargado de energía, nostalgia y emoción ante más de 32.000 asistentes en el Estadio Olímpico Atahualpa. La artista colombiana repasó tres décadas de éxitos en un concierto que combinó tecnología, cercanía y una conexión íntima con su público.
Con un inicio potente al ritmo de Girls Like Me, La intuición y Estoy aquí, Shakira marcó el tono de una noche que se movió entre el pop internacional y los clásicos que definieron su identidad latina. “Quito, gracias por tanto amor. No saben cuánto extrañaba cantar aquí”, dijo la artista, desatando una ovación que se extendió por minutos.
El repertorio, de casi dos horas y media, incluyó temas emblemáticos como Ojos así, Te felicito, TQG, Acróstico y Una copa vacía, además de una interpretación muy aplaudida de La bicicleta y La tortura, donde el público coreó cada palabra. Uno de los momentos más sorprendentes llegó cuando interpretó Chantaje desde el camerino, proyectándose en pantalla gigante mientras se preparaba para volver al escenario.
La artista aprovechó una pausa para presentar a su banda y reveló un detalle que emocionó a los asistentes: “De mis cinco músicos, tres me acompañan desde hace más de 26 años. Somos una familia”, compartió, entre aplausos.
El espectáculo también rindió homenaje a su trayectoria con un video que recorrió su carrera desde la era de Pies Descalzos hasta sus colaboraciones más recientes. Luego, la cantante regresó al escenario descalza, como en sus inicios, para interpretar Antología y Día de enero, en una secuencia cargada de sentimiento.
El cierre fue una explosión de energía con Suerte, Waka Waka, Loba y la esperada BZRP Music Sessions Vol. 53, que encendió las luces de los teléfonos en todo el estadio.
La segunda noche de Shakira en Quito consolidó su paso por Ecuador como uno de los eventos más impactantes del año, no solo por la calidad de su puesta en escena, sino por la complicidad que la artista logró con un público que, desde el primer acorde hasta el último baile, reafirmó su amor por la barranquillera. Por: Francisco Racines
