Hay partidos que se juegan durante 90 minutos y hay otros que se juegan durante toda una vida. El de este martes en el Monumental perteneció a la segunda categoría.
Lionel Messi se despidió de la Selección Argentina. Y lo hizo como tantas veces lo hizo durante más de dos décadas: siendo protagonista.
Ante Benín, en una noche preparada para homenajear al capitán, Argentina ganó 3-0 y Messi participó en los tres goles. Primero apareció con su zurda desde un córner para poner la pelota en el lugar exacto donde Nicolás Otamendi la convirtió en el 1-0. Después volvió a encontrar a un compañero: esta vez a Nico Paz, que recibió su pase y amplió la ventaja. Y finalmente llegó el momento que todos esperaban.
A los 69 minutos, Agustín Giay fue derribado dentro del área y el árbitro sancionó penal. Messi tomó la pelota.
Durante unos segundos, el Monumental pareció contener la respiración.
El mismo hombre que durante años cargó con la responsabilidad de representar a un país entero volvió a caminar hacia los doce pasos. Y esta vez, en su última función, no falló. La clavó arriba, contra un palo, para convertir el 3-0 y marcar su último gol con la camiseta argentina.
Sus compañeros corrieron a abrazarlo. Las tribunas explotaron. Y Messi celebró rodeado por los futbolistas que, durante los últimos años, compartieron con él la etapa más gloriosa de la historia reciente de la Albiceleste.
Pero el gol fue apenas una parte de la noche.
Desde antes del comienzo, el Monumental sabía que estaba viviendo algo irrepetible. En el minuto 10, el partido se detuvo para que el estadio entero pudiera rendirle homenaje al número que Messi convirtió en identidad. Más de 80.000 personas se reunieron para despedir al futbolista que durante 21 años llevó la camiseta argentina por estadios de todo el mundo.
Hubo lágrimas durante el himno. Hubo abrazos. Hubo ovaciones. Hubo imágenes que quedarán en la memoria.
Y también hubo una sensación difícil de explicar: la de estar viendo por última vez algo que durante años pareció cotidiano.
Messi debutó con la selección mayor en 2005. Desde entonces atravesó derrotas, críticas, finales perdidas, renuncias, regresos y, finalmente, una época de gloria que terminó cambiando para siempre su relación con el pueblo argentino.
Llegaron la Copa América 2021, la Finalissima 2022, la Copa del Mundo de Qatar 2022 y otra Copa América en 2024. En el Mundial 2026 todavía tuvo tiempo para escribir un último capítulo extraordinario.
Y ahora, en su último partido, volvió a dejar su firma.
Los números de una era
Con el partido ante Benín, Messi cerró su recorrido con Argentina con:
208 partidos, 126 goles y 70 asistencias.
A ello se suman cuatro títulos mayores con la selección, seis participaciones mundialistas y 21 goles en Copas del Mundo.
Son números enormes. Pero quizá ni siquiera ellos alcanzan para contar lo que significó Messi para Argentina.
Porque hubo un niño de Rosario que alguna vez se fue a Barcelona persiguiendo un sueño. Hubo un adolescente que recibió una camiseta celeste y blanca y que durante años tuvo que escuchar que con la selección no era lo mismo.
Hubo derrotas.
Hubo finales perdidas.
Hubo lágrimas.
Y hubo un momento en el que todo cambió.
Maracaná. Wembley. Lusail.
La Copa América, la Finalissima, el Mundial.
El chico que se marchó de Rosario terminó regresando a casa convertido en campeón del mundo.
Y esta noche, después de más de dos décadas, volvió a caminar hacia el vestuario con la camiseta argentina puesta por última vez.
Quizás por eso el resultado fue casi anecdótico.
Argentina ganó 3-0. Messi marcó. Messi asistió dos veces. La selección volvió a celebrar.
Pero el verdadero resultado de la noche estaba escrito mucho antes de que comenzara el partido.
Gracias, Leo.
Porque habrá otros números 10. Habrá otros capitanes. Habrá nuevas generaciones y nuevas historias.
Pero durante más de veinte años, cada vez que Argentina necesitó imaginar que algo era posible, miró hacia el mismo lugar.
Hacia la zurda de Messi.
Y esta vez, cuando terminó el partido, no hubo que preguntarse qué vendría después.
Solo quedaba mirar, aplaudir y entender que una parte de la historia acababa de despedirse.
Adiós, Leo. Hasta siempre, capitán.
Por: Francisco Racines
