En septiembre iniciará un nuevo curso del Club de Firu, una oportunidad para que más tutores comprometidos con el bienestar animal aprendan, compartan y fortalezcan el vínculo con sus perros.

Los tutores se emocionaron al ver a sus animales de compañía lucir el birrete, la capa y la estola. Cerca de 30 perros se graduaron de la primera promoción del Club de Firu, la Escuela de Educación Canina impulsada por la Unidad de Bienestar Animal (UBA) del Municipio de Quito para fortalecer la tenencia responsable y mejorar la convivencia entre las familias y sus animales de compañía.

Durante cuatro semanas, los participantes completaron un programa de ocho sesiones, con clases virtuales y encuentros presenciales los fines de semana. A través de esta metodología, los tutores aprendieron a comprender mejor el comportamiento de sus perros, fortalecer la comunicación, enseñar comandos básicos y promover una convivencia más equilibrada y respetuosa.

“El Club de Firu no es un curso de adiestramiento canino, es una escuela de educación para perros y sus tutores. La diferencia es que educamos con amor, compromiso y respeto hacia los animales de compañía. Nada de golpes ni violencia. Trabajamos con refuerzos positivos, por ejemplo, premiándolos con comida cada vez que cumplen correctamente una indicación”, explica José Paredes, director de la UBA.

La ceremonia de graduación se desarrolló en el parque La Carolina. Cada perro recibió su diploma y, además, se entregaron menciones honoríficas para reconocer los procesos y avances más destacados de los participantes.

Una de ellas fue “De Huellas a Estrellas”, reconocimiento que recibió Nina por protagonizar una transformación extraordinaria durante el programa.

Su tutora, Vanessa Guerra, contó que antes de participar en el Club de Firu tenía dificultades para controlar a Nina durante los paseos. La consentía constantemente y esto había generado problemas de comportamiento y obediencia.

“Ella era demasiado inquieta y me jalaba muy fuerte. Ahora ya no. Ella sabe comandos, sabe sentarse, me da la patita y se ha tranquilizado bastante. Estoy muy agradecida con el Municipio de Quito y con el Club de Firu”, comentó Vanessa.

Historias como la de Nina reflejan uno de los principales objetivos del programa: brindar a los tutores herramientas que les permitan comprender mejor a sus animales de compañía y construir una relación basada en la confianza, el respeto y la comunicación.

Una metodología basada en el bienestar animal
El Club de Firu nació con una premisa: la educación canina es un proceso compartido. No solo aprende el perro, también aprende su tutor.
Por ello, durante cuatro semanas, los participantes fueron parte de un programa híbrido compuesto por ocho sesiones, que combinaron contenidos teóricos y actividades prácticas. Los encuentros presenciales se desarrollaron en los parques La Carolina y Bicentenario.

¿Qué aprendieron los tutores?
A lo largo del programa, los participantes adquirieron herramientas para:

Fortalecer el vínculo y mejorar la comunicación con sus perros.
Aplicar técnicas de educación basadas en el refuerzo positivo.
Enseñar comandos básicos y reforzar conductas deseadas.
Realizar paseos más tranquilos, seguros y enriquecedores.
Implementar estrategias de socialización segura en diferentes entornos.
Reconocer señales de miedo, ansiedad o comportamientos que requieren atención.
Aplicar estrategias básicas de manejo y prevención ante situaciones que pueden generar estrés.
Construir rutinas saludables de convivencia, adaptación y hábitos dentro del hogar.
La primera promoción del Club de Firu concluyó así un proceso que buscó generar cambios positivos no solo en el comportamiento de los perros, sino también en la manera en que sus tutores comprenden y acompañan a sus animales de compañía.

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