La energía es la piedra angular sobre la cual se asienta nuestro sistema económico, productivo y sociedad en general debido a que todo depende intrínsecamente de ella.
En la actualidad, a nivel mundial, dependemos en un 80% de los recursos fósiles no renovables como el gas, petróleo y carbón para fines energéticos, pero su uso indiscriminado nos ha conducido a severas amenazas (como el cambio climático y overshoot ecológico) para nuestra supervivencia.
Frente a tal dilema se ha desarrollado un plan faraónico, al que llamamos Transición Energética, que consiste en transformar nuestro sistema de energía basado en fósiles a fuentes de emisiones cero en carbono como la solar fotovoltaica y eólica.
Algunos de los desafíos de esta transformación son: la fuerte dependencia de minerales concentrados en pocos territorios que puede derivar en un colonialismo de materiales, la intermitencia en la generación eléctrica por parte de las energías renovables no convencionales (ERNC), conflictos geopolíticos, perturbaciones en la cadena de suministros y los límites planetarios.
En lo que concierne al primer reto, el cobre es un elemento fundamental para la electrificación, pero según varias previsiones, como las de Bloomberg, se estima que a 2035 habrá un faltante de 10 millones de toneladas pues en la actualidad no existen suficientes proyectos (reservas) de exploración y aún si lo hubiera, una mina tarda 16 años en alcanzar niveles de producción. La humanidad hemos extraído 700 millones de toneladas de cobre en los últimos 5000 años, la misma cantidad será necesaria extraer en los próximos 27 años para alcanzar las metas en solar fotovoltaica, eólica y autos eléctricos. ¿Es sostenible? Conflictos similares enfrentan otros minerales estratégicos como el litio, cobalto, níquel, tierras raras, etc.
El segundo reto, la intermitencia, implica que las ERNC no garantizan seguridad energética debido a que cuando no hay suficiente luz solar, los paneles fotovoltaicos no producen electricidad adecuadamente, así como la eólica cuando el viento no sopla. Tal es el caso de Alemania donde han destinado 202 billones USD para tener 56% de su generación eléctrica de fuente eólica y desplomarse a un 2,6%, la solar PV de un 25 a 0,3%. Estas volatilidades repercuten en el precio final para el consumidor pues los costos ocultos han salido a relucir en el último tiempo.
El monopolio que posee China sobre las tecnologías llamadas “verdes” es abrumador y representa el tercer reto. El gigante asiático aglomera el 75% de la capacidad de producción global de baterías, 73% de panales solares, 58% de turbinas eólicas, 40% de electrolizadores y 70% de cobalto; esto sin mencionar otras tecnologías y apropiación de territorios con minerales estratégicos. ¿Qué impacto tendría la transición energética si a China se la excluye de la cadena de suministros?
La transición energética resulta ser necesaria e impostergable pero también debatible, por lo cual, debemos reflexionar acerca de su viabilidad desde lo social, ecológico y técnico-financiero con la finalidad de establecer una ruta energética justa, equitativa, resiliente e inclusiva. (I) Foto: CAF.
Por: José Luis Tituaña Gualoto. (I)