Mujeres, jóvenes y población rural están entre los grupos más vulnerables.

El 56 % de las personas con mayores dificultades para manejar sus finanzas son mujeres.
El 33 % de quienes tienen un perfil financiero débil son jóvenes de entre 18 y 25 años.
La población rural representa el 31 % del grupo con mayor rezago económico.

La vulnerabilidad financiera en Ecuador no afecta a todos por igual. Las mujeres —especialmente las más jóvenes—, la población rural y las personas de menores niveles socioeconómicos tienen una mayor presencia entre quienes enfrentan dificultades para comprender conceptos financieros, planificar sus gastos, ahorrar y pagar sus obligaciones a tiempo.

Así lo revelan los resultados del estudio «Más allá del diagnóstico: capacidades financieras y perfiles de la población ecuatoriana», elaborado por la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo (RFD). El informe se basó en el Diagnóstico de Capacidades Financieras 2025, que incluyó 4.622 encuestas a escala nacional bajo una metodología aplicada por la CAF en varios países de la región.

Cuatro perfiles de la realidad financiera: Para evidenciar las diferencias que ocultan los promedios generales, el estudio agrupó a los encuestados según sus conocimientos, hábitos y planificación, identificando cuatro perfiles:

• 30 % – Perfil fuerte: Combina conocimientos financieros y buenos hábitos.
• 27 % – Perfil medio (práctico): Administra adecuadamente su dinero, aunque tiene conocimientos limitados.
• 21 % – Perfil medio (teórico): Conoce de finanzas, pero no siempre aplica lo aprendido.
• 22 % – Perfil débil: Presenta dificultades tanto en sus conocimientos como en el manejo de sus recursos.

Aunque el Perfil fuerte es el grupo más numeroso, solo reúne al 30 % de los encuestados. El 70 % restante presenta brechas. El análisis demuestra que desarrollar solo una parte de las capacidades (por ejemplo, tener conocimientos, pero no aplicarlos) no se traduce en un mayor acceso financiero.

“Para alcanzar un verdadero bienestar, es indispensable un desarrollo equilibrado que combine conocimientos con comportamientos clave, como planificar, ahorrar y evaluar la capacidad de pago. No obstante, una persona puede ser responsable con sus recursos y aun así enfrentar barreras debido a ingresos inestables, informalidad laboral o un entorno económico adverso”, explicó Valeria Llerena, directora ejecutiva de la RFD.

Brechas marcadas por género, edad y territorio

Al analizar la composición de los perfiles, la RFD evidenció una desigualdad latente:

• Género: Las mujeres representan el 56 % del grupo con mayor rezago, frente al 44 % de los hombres. Esto está estrechamente ligado a las desigualdades del mercado laboral y la carga de cuidados no remunerados.
• Edad: Los jóvenes de 18 a 25 años constituyen el 33 % del grupo con mayores dificultades, pero solo el 17 % de quienes logran los mejores resultados. La inestabilidad laboral y las barreras educativas afectan especialmente a este segmento y, de manera crítica, a las mujeres de entre 18 y 39 años.
• Territorio: Aunque la mayoría de los encuestados vive en zonas urbanas, la desventaja en el campo es evidente. Solo el 19 % de las personas con buenos resultados financieros pertenece a la ruralidad; en contraste, este sector representa el 31 % del grupo con mayor rezago. Las distancias a los puntos de atención y la baja conectividad explican gran parte de esta brecha.

Los ingresos menores aumentan la vulnerabilidad, pero el estudio halló dificultades financieras incluso en hogares de ingresos medios y altos. De hecho, el 32 % de las personas del grupo más débil tiene estudios superiores, demostrando que la educación formal ayuda, pero los hábitos diarios son los verdaderos determinantes.

Ecuador, por debajo de los niveles óptimos

Los tres indicadores nacionales evaluados no alcanzan los niveles considerados adecuados:
1. Índice de Capacidades Financieras: 10,98 puntos sobre 21 (el nivel óptimo inicia en 12).
2. Índice de Inclusión Financiera: 3,65 puntos sobre 7 (el nivel de referencia es 5).
3. Índice de Bienestar Financiero: 31,49 puntos sobre 100 (muy lejos de los 70 recomendados).

Este bajo nivel de bienestar impacta la economía diaria: apenas el 28 % de la población afirma que le sobra dinero al finalizar el mes, dejando un nulo margen para emergencias o metas a largo plazo.

Tener una cuenta no garantiza estabilidad

El acceso al sistema no se traduce automáticamente en seguridad económica. Aunque el 84 % reporta tener algún producto de ahorro, inversión o jubilación, solo ese 28 % llega a fin de mes con excedentes. Además, el 49 % tiene productos de pago, el 38 % cuenta con crédito y apenas el 22 % dispone de seguros.

“La educación financiera necesita ir más allá de enseñar conceptos. Los resultados muestran que no existe una única solución: algunas personas necesitan fortalecer conocimientos y otras requieren herramientas para convertir lo aprendido en mejores hábitos y decisiones”, acotó Llerena.

La investigación recomienda priorizar acciones hacia mujeres, jóvenes, hogares de menores ingresos y población rural, fortaleciendo la coordinación entre las instituciones vinculadas a la educación, el empleo y la protección social. “El objetivo no debe limitarse a que más personas ingresen al sistema financiero, sino garantizar que puedan utilizarlos adecuadamente y mantenerse de manera sostenible”, concluyó el estudio.

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