Un equipo de 24 bailarines de Ático Danza obtuvo el primer lugar en la categoría Youth Hip Hop del International Cheerleading Cup, realizado en Orlando, Estados Unidos.
Mientras muchos niños y jóvenes destinaban sus vacaciones, feriados y fines de semana al descanso, un grupo de bailarines ecuatorianos sostuvo una rutina distinta: ensayos, preparación física, acrobacia, gimnasia y entrenamiento mental para representar al país en uno de los escenarios más competitivos de la danza internacional.
Ese proceso terminó con una medalla de oro para Ecuador. Un equipo de 24 bailarines de Ático Danza, entre 11 y 18 años, obtuvo el primer lugar en la categoría Youth Hip Hop del International Cheerleading Cup, realizado en Orlando, Florida, Estados Unidos, con la coreografía Clickers. La competencia se desarrolló entre el 22 y el 27 de abril, dentro de una semana que reunió eventos como el ICU World Championship, el International Cheerleading Cup y The Dance Worlds, con delegaciones de aproximadamente 34 países.
El resultado pone nuevamente sobre la mesa el crecimiento de la danza ecuatoriana en competencias internacionales y el impacto que esta disciplina tiene en la formación de niños y jóvenes. Para Verónica Morales, fundadora y directora general de Ático Danza, la medalla representa mucho más que un logro competitivo.
“Ático me ha llenado la vida de alegría porque he visto cómo la danza puede cambiar la seguridad, la disciplina y la forma en que una niña o un joven se mira a sí mismo. Esta medalla representa muchas horas de ensayo, sacrificios familiares y sueños compartidos. Más que un premio, es la prueba de que el talento ecuatoriano puede competir con fuerza en escenarios internacionales cuando existe preparación, compromiso y amor por lo que se hace”, señaló Morales.
La preparación para esta competencia inició en noviembre de 2025, cuando el equipo obtuvo el pase para representar al Ecuador. A partir de febrero, el proceso se intensificó con entrenamientos más exigentes y trabajo complementario en áreas físicas, artísticas y técnicas.
En el International Cheerleading Cup, Ático compitió contra Grecia y alcanzó el primer lugar, convirtiéndose en campeón internacional. Este logro también consolida a la academia como bicampeona del ICC, luego de haber obtenido el mismo campeonato el año anterior. Durante la misma semana, el equipo ecuatoriano también participó en el ICU World Championship, donde alcanzó el séptimo lugar entre nueve países, y en The Dance Worlds, donde se ubicó en el octavo lugar del mundo entre 16 países.
Una academia que nació en Guayaquil y hoy forma a 800 estudiantes al año
Ático Danza fue fundada en 2005 por Verónica Morales con el propósito de crear un espacio positivo para la formación artística y humana de sus estudiantes. Hoy, después de más de dos décadas de trayectoria, la academia cuenta con sedes en Los Ceibos, Puerto Azul, Samborondón Tennis Club, Ciudad Celeste, La Joya, Polaris y en la ciudad de Manta, además de alianzas extracurriculares con instituciones educativas como el Colegio Menor, Colegio Alemán Humboldt y Colegio Praga.
Cada año, cerca de 800 estudiantes forman parte de sus programas. Su propuesta combina técnica, disciplina y acompañamiento emocional, bajo una filosofía que resume parte de su identidad: “Ático My Happy Place”, una idea que busca convertir la danza en un espacio seguro, feliz y formativo.
En estos años, la academia ha representado al Ecuador en competencias internacionales desde 2012, con participaciones en Estados Unidos, Panamá, Canadá y Argentina. También ha obtenido el título de Team Ecuador en seis ocasiones: 2019, 2020, 2021, 2022, 2025 y 2026. Entre sus reconocimientos constan podios en ICU y The Dance Worlds, primer lugar en ICC, cuatro títulos como Gran Campeón Nacional de All Dance International y el reconocimiento Grand Champion en Contest of Champions, en Orlando.
La danza como formación de vida
Más allá de los escenarios, la danza ha sido para muchos estudiantes una herramienta de disciplina, seguridad personal, concentración, convivencia y trabajo en equipo. En Ático también han acompañado a niñas y jóvenes con distintas condiciones y realidades personales, incluyendo casos de síndrome de Down, autismo, TDAH y situaciones familiares complejas, donde el movimiento ha funcionado como un espacio de expresión, integración y bienestar.
“Muchas veces se habla de la danza solo como una actividad artística, pero para nosotros también es una escuela de vida. Una niña que aprende a bailar también aprende a confiar, a esforzarse, a respetar procesos, a trabajar con otros y a levantarse cuando algo no sale bien. Eso es lo que más nos emociona: ver cómo la danza transforma la vida de nuestros alumnos dentro y fuera del salón”, agregó Morales.
La medalla de oro también fue dedicada a los bailarines que sueñan con llegar a escenarios internacionales, pero que no siempre pueden hacerlo por limitaciones económicas, procesos de visa o falta de oportunidades. Participar en competencias fuera del país implica cubrir pasajes, inscripción, hospedaje, alimentación, transporte, vestuario y otros costos que muchas familias no pueden asumir.
Para Ático, este logro confirma que la danza nacional tiene capacidad para competir internacionalmente, pero también evidencia que muchos niños y jóvenes necesitan más oportunidades para llegar a los escenarios donde ya demostraron que pueden estar.
