•Ingresos informales, menor historial crediticio y cargas de cuidado siguen limitando el acceso pleno al sistema financiero.
Según datos del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), el 38,5% de los hogares ecuatorianos está encabezado por mujeres. Y, en el marco del Mes de la Madre, esta cifra no solo reconoce un rol: evidencia una transformación profunda en la forma en que se toman decisiones económicas en el país.
De administrar el gasto a liderar las finanzas.
Durante décadas, la economía del hogar fue una tarea operativa. Pero hoy, es una función estratégica. Desde la experiencia de Fundación Bien Estar, se observa un cambio claro: “Las mujeres han pasado de gestionar el gasto diario a tomar decisiones financieras con visión de largo plazo, enfoque en ahorro y mayor planificación”, explica Natalia Garzón, directora de la Fundación.
Y esa percepción está sustentada en números. Según reportes de Mutualista Pichincha (con corte septiembre 2025), las mujeres concentran más de USD 409 millones en depósitos totales en la institución, frente a USD 270 millones de los hombres.
Además, las mujeres mantienen una presencia relevante en productos asociados a estabilidad financiera. Según Mutualista, los ahorros a plazo femeninos superan los USD 299 millones en la institución, mientras que los hombres registran alrededor de USD 188 millones en este segmento.
Esto no es casualidad. Refleja una forma distinta de relacionarse con el dinero, la que se traduce en:
•Disciplina en el manejo del gasto, pero con limitaciones en planificación de largo plazo.
•Interés en ahorro programado.
•Necesidad de herramientas prácticas para gestión del crédito y planificación financiera.
Y no solo ahorran más. También participan activamente en el crédito. Las mismas cifras de Mutualista Pichincha reflejan que las mujeres representan el 14,16% de los créditos de consumo, frente al 10,94% de los hombres. Incluso en tarjetas de crédito, su participación es ligeramente superior.
Sin embargo, la brecha persiste en el monto: los hombres acceden a créditos más altos, especialmente en vivienda y crédito productivo. Es decir, el liderazgo crece, aunque todavía enfrenta brechas estructurales de acceso. En vivienda de interés social y público las mujeres obtienen mayores montos de financiamiento.
El punto crítico: cómo se usa el crédito
El verdadero impacto no está solo en acceder al crédito, sino en cómo se utiliza dentro de la economía del hogar.
Los indicadores de género de Mutualista Pichincha, con corte a septiembre de 2025, muestran una alta participación femenina en productos financieros como ahorro y crédito. En tarjetas de crédito, por ejemplo, la participación femenina alcanza el 32,88%, mientras que en crédito de consumo llega al 14,16%.
Al mismo tiempo, se evidencia una mayor presencia de mujeres en mecanismos asociados a estabilidad y planificación financiera, especialmente en productos asociados al ahorro. Otro indicador relevante es que las mujeres registran menores niveles de morosidad que los hombres en créditos en general, según los indicadores de género de la Mutualista.
La diferencia no está únicamente en el acceso, sino en la lógica financiera detrás de las decisiones. Según Natalia Garzón, el liderazgo financiero femenino empieza a marcar una diferencia: una mayor orientación a proteger el bienestar familiar antes que a maximizar el riesgo.
Sin embargo —añade— todavía existen desafíos importantes y errores más frecuentes que afectan la estabilidad económica del hogar:
• No separar las finanzas personales de las del hogar o emprendimiento.
• El uso inadecuado del crédito, especialmente consumo sin planificación.
• La falta de ahorro para emergencias.
En ese contexto, el acceso a educación financiera se vuelve determinante. Según el Programa de Educación Financiera de Mutualista Pichincha (cifras de 2023), el 67,54% de los beneficiarios fueron mujeres. Además, el 89,04% de los participantes del programa fueron estudiantes, reflejando la creciente importancia de incorporar educación financiera desde edades tempranas.
