La hipertensión es una enfermedad silenciosa que puede afectar gravemente la salud. Con el objetivo de crear conciencia sobre esta enfermedad, el 17 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Hipertensión. En Ecuador, más de 2.5 millones de personas padecen de hipertensión, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

“Por lo general, quienes tienen presión alta pueden presentar dolores de cabeza, cansancio, nauseas o vómito, pero hay casos en que la hipertensión es asintomática, lo cual dificulta su diagnóstico”, explica César Terán Zea, médico, magíster en epidemiología.

Esta afección puede causar patologías graves como enfermedades del corazón, accidente cerebrovascular y otras patologías crónicas. Aunque cambiar el estilo de vida puede ayudar a controlar la presión arterial alta, en muchos casos es necesario tomar medicamentos diarios para reducirla.

Sin embargo, la adquisición de estos medicamentos puede resultar un problema para algunas personas, especialmente en momentos de crisis económica como los que causó la pandemia del Covid-19. Por eso, el doctor Terán Zea sugiere considerar los medicamentos genéricos, que son menos costosos, pero que contienen la misma molécula o sustancia que un medicamento de marca y cumplen las mismas normas de elaboración.

Juan es un paciente con hipertensión, que aceptó esta recomendación de su médico y nos cuenta que desde hace tres meses toma sus medicamentos genéricos para la presión, y los resultados terapéuticos han sido iguales a los que obtenía con las medicinas de marca. La única diferencia que puede señalar es que ahora gasta menos dinero, pues los genéricos cuestan hasta siete veces menos que los de marca. Juan dice que además de tomar los fármacos que le recetaron, debió adoptar un estilo de vida saludable.

El médico cardiólogo Joffre Rodríguez destaca que el control de la presión arterial es esencial para prevenir enfermedades crónicas, y recomienda seguir una dieta saludable con menos sal, hacer actividad física con regularidad, mantener un peso saludable, limitar el consumo de alcohol y no fumar. “Estos cambios pueden no ser fáciles de hacer de inmediato, pero con un enfoque gradual y constante, pueden convertirse en hábitos saludables a largo plazo”, dice.

Otra recomendación sería consultar con un nutricionista que diseñe un plan personalizado que se ajuste a las necesidades de cada paciente.

Con estas medidas podemos hacer una gran diferencia en nuestra salud y bienestar, evitando enfermedades graves y mejorando nuestra calidad de vida. (I)

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