La creciente circulación de contenido pseudopsicológico en redes sociales está llevando a que cada vez más personas se autodiagnostiquen sin respaldo profesional, generando confusión, ansiedad y decisiones desinformadas sobre su salud mental.

La Dra. Camila Parra Ortiz, profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, analiza los riesgos de este fenómeno y ofrece claves para consumir este tipo de contenido con criterio.

La visibilidad de la salud mental en redes sociales ha llevado la conversación a lo cotidiano, pero está generando un efecto adverso también. Mayor apertura, mayor la difusión de información simplificada, sin sustento, que puede estar alimentando interpretaciones erróneas sobre el bienestar psicológico.

El autodiagnóstico, de ninguna manera, es algo inofensivo. El proceso clínico detrás de un diagnóstico psicológico es mucho más complejo de lo que suele mostrarse en contenidos digitales, porque implica identificar síntomas, analizar su duración, frecuencia, intensidad y descartar otras posibles explicaciones. Así lo explica la Dra. Camila Parra Ortiz, profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.

«Los trastornos requieren de una serie de “requisitos” que tienen en cuenta, además de los síntomas, cosas como la duración, frecuencia e intensidad», indica la experta. «Por ejemplo, presentar desánimo no significa única y exclusivamente una depresión. Hay muchísimas más opciones que deben ser consideradas, evaluadas y descartadas si es el caso».

La simplificación de estos procesos puede generar consecuencias emocionales importantes. Autoidentificarse con descripciones genéricas, sin contar con una evaluación profesional que valide o descarte lo que se interpreta, puede detonar culpa, miedo, ansiedad, nostalgia, tristeza.

Además, los términos clínicos como «ansiedad», «TDAH», «trauma», «cuadros depresivos», entre otros, se están usando fuera de su contexto real, pasando a formar parte del lenguaje diario que lleva a que se usen de manera imprecisa, distorsionando su significado.

«El impacto emocional, social y psicológico que puede generar el mal uso de los términos clínicos puede ocasionar problemas en la vida de la persona que los usa, sobre todo si se identifica con ellos», advierte la docente de VIU. «Usar con ligereza terminología clínica nos puede llevar a confundirnos, a sentirnos mal, a autodiagnosticarnos, a tomar decisiones desinformadas».

Por eso es importante distinguir entre información rigurosa y pseudopsicología, pues los contenidos que presentan soluciones rápidas, verdades absolutas o que no citan fuentes científicas deberían encender alertas. La psicología, por su naturaleza, está llena de matices y no admite respuestas universales.

No se trata de satanizar las redes sociales como espacio de conversación sobre salud mental, por supuesto. Estas plataformas han permitido visibilizar el tema como algo natural y cercano a las personas. Pero sí es importante ser rigurosos en cómo consume esa información.

«La salud mental es importante y hoy en día hay grandes divulgadores y divulgadoras profesionales al respecto», señala la Dra. Parra Ortiz. «Lo que es importante recordar es que se trata únicamente de información, una información que necesita ser contextualizada, adaptada e individualizada a cada ser humano».

Por eso, la especialista insiste en la importancia de adoptar una mirada crítica. Verificar las credenciales de quienes generan contenido, exigir las fuentes de la información que se difunde en los videos y entender que la información general no sustituye una evaluación profesional son medidas fundamentales para evitar caer en diagnósticos erróneos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *