Las luces se apagaron, la música comenzó y las miradas se concentraron en la pasarela. Durante la noche, el Quito Tenis y Golf Club fue escenario de una nueva edición de Contrastes, el desfile de la Fundación Reina de Quito que reunió a 13 marcas y diseñadores ecuatorianos.

La propuesta de esta edición hizo honor a su nombre. Sobre la pasarela se sucedieron estilos, colores, texturas y conceptos diferentes, desde moda infantil hasta vestidos de gala y propuestas nupciales, pasando por diseños urbanos, joyería, artesanía y prendas elaboradas a partir de materiales reciclados.

Las primeras salidas estuvieron a cargo de il Piccotton, de Rafaela Picco; Tirulá, de María Mercedes Reece; Kêia; Make It Real; Belén Sánchez; Kilaya, de Kinti Samay Quinatoa; y Lula Kirei, de Fernanda Salgado.

Cada propuesta marcó su propio territorio dentro de la noche.

Kilaya llevó una estética vinculada con la naturaleza y el trabajo artesanal, mientras que Lula Kirei puso en escena una propuesta basada en el denim reciclado. En ambos casos, la pasarela sirvió para mostrar que el diseño ecuatoriano también puede dialogar con conceptos como identidad, sostenibilidad y aprovechamiento de materiales.

Pero conforme avanzó el desfile, los contrastes se hicieron todavía más evidente.

Etéreo fue una de las propuestas que más conversación generó durante la noche. La marca, detrás de la cual están Giss Salazar y Víctor, presentó una colección que enfrentó el cuero de la Sierra ecuatoriana con textiles de apariencia más ligera y fluida.

La combinación de estructuras, movimiento y diferentes tonalidades provocó una respuesta particularmente visible entre el público, mientras las cámaras se concentraban en las distintas salidas.

Después llegó URBE., con una propuesta que cambió completamente el registro visual de la pasarela.

La marca apostó por una elegancia más sobria, con predominio de tonos tierra, siluetas limpias y texturas que daban profundidad a las prendas. Una de las piezas que llamó la atención incorporó un tono rojo intenso, espalda descubierta y un gran lazo en la parte posterior.

La colección encontró su fuerza precisamente en la sencillez de sus líneas y en una estética sofisticada.

El color volvió a tomar protagonismo con Aliqora y su colección Floras.

El lila, el amarillo y el azul dominaron la propuesta, acompañados por motivos florales y diferentes texturas. Aunque aparecieron algunas piezas en otras tonalidades, esos tres colores marcaron la identidad visual de una colección mucho más vibrante que las propuestas que la habían precedido.

Indira Oviedo llevó la noche hacia otro escenario: el de los vestidos de gala y la moda nupcial.

La elegancia fue protagonista en una colección que jugó también con el concepto de contraste. Una de las imágenes más llamativas fue la de un vestido que combinó blanco y negro, acompañado por detalles florales, mientras otras piezas apostaron por transparencias, texturas y elementos ornamentales.

La pasarela terminó convirtiéndose así en una sucesión de atmósferas diferentes. Hubo tonos naturales y colores intensos; estructuras rígidas y telas fluidas; propuestas urbanas y piezas de gala; materiales reciclados y trabajos artesanales.

Pero detrás de las luces y los aplausos existió una razón que fue más allá de la moda.

Contrastes es una iniciativa de la Fundación Reina de Quito vinculada con su trabajo social. La recaudación de esta edición está destinada a continuar el apoyo a personas con síndrome de Down y sus familias, además de fortalecer iniciativas relacionadas con la salud mental de los jóvenes quiteños.

Esa dimensión estuvo presente durante una noche en la que diseñadores, modelos, voluntarios, invitados y representantes de la Fundación compartieron un mismo espacio.

Para María Emilia Sánchez Cevallos, actual Reina de San Francisco de Quito, la velada tuvo además un significado especial. Su historia con Contrastes comenzó cuando tenía 15 años y, después de varias participaciones, regresó esta vez desde una posición diferente: como Reina de Quito y parte de la organización del evento.

La noche también mostró la diversidad de quienes hacen posible la moda ecuatoriana. Diseñadores con distintas trayectorias, marcas familiares, propuestas artesanales y nuevos conceptos compartieron la misma pasarela frente a un público que siguió de cerca cada presentación.

Cuando las luces volvieron a encenderse y la última salida quedó atrás, Contrastes dejó algo más que una colección de imágenes para las cámaras.

Dejó una noche en la que la moda ecuatoriana se mostró desde diferentes perspectivas: elegante, colorida, artesanal, urbana, sostenible y nupcial.

Ese fue el verdadero contraste de la noche: 13 propuestas diferentes reunidas en una misma pasarela y una causa social que continuó siendo el hilo conductor cuando terminó el último aplauso.

Por: Francisco Racines

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