Una gran parte del tiempo de nuestros días transcurre en el trabajo. Para muchos, las jornadas laborales se convierten en salidas a problemas familiares, médicos y personales. Para otro grupo de personas el mismo trabajo, los compañeros, los horarios, el jefe significan un malestar diario que con el pasar de los meses o años se transformará en un problema de salud físico o emocional que podría desembocar en la muerte.
Antes de la pandemia, según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más del 40% de los ecuatorianos tenía problemas de salud mental asociados a sus condiciones laborales. Ese porcentaje se disparó al 55% debido a factores como el temor a perder el empleo, riesgo de contagios de enfermedades respiratorias al ir a la oficina, necesidad de obtener ingresos extra, horarios extendidos de trabajo, entre otros.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica enfermedades como la ansiedad, depresión o estrés como las patologías más registradas dentro de los espacios laborales. Por ejemplo, el estrés crónico relacionado al lugar de trabajo, es un problema que escala en tres estados: sentimientos de agotamiento; distanciamiento mental del trabajo, sentimientos negativos o de cinismo relacionados con las funciones que le toca hacer, y una sensación de ineficacia y falta de realización.
En el primer semestre de 2023, de acuerdo con el Ministerio de Salud Pública (MSP) se realizaron 600 mil atenciones en temas relacionados a la salud mental.
En términos económicos, esta realidad provoca una caída de la productividad, que en el caso de Ecuador fue de más del 25% desde el inicio de la pandemia, y por otro lado, existen gastos crecientes por temas médicos y de salud mental en empresas y hogares.
El impacto económico para nuestro país es del 0,6% del PIB, aproximadamente, es decir, alrededor de $600 millones anuales o más de 1,6 millones al día.
Uno de los segmentos más afectados son las mujeres, donde la incidencia del estrés laboral llega a superar el 60%, sobre todo en el rango entre 30 y 49 años. Mientras que el agotamiento laboral puede costarle entre $3.000 y $8.000 al año a un trabajador ecuatoriano a través de más gastos de salud, menor productividad y pérdida de ingresos.
Catherine Paredes, máster en prevención de riesgos laborales, indica que “los gastos para atender estas patologías resultan más costosos que la misma prevención, por lo que se requiere de un trabajo preventivo y de seguimiento por parte de las empresas para evitar y atender estos aspectos”.
ACCIONES QUE SE PUEDEN IMPULSAR EN LAS EMPRESAS
Para prevenir los problemas de salud mental en el trabajo es importante la gestión sobre los riesgos psicosociales en el lugar de trabajo. La experta sostiene que se debe “implementar un programa de prevención de riesgos psicosociales que incluye la evaluación del riesgo psicosocial y posteriormente la ejecución de un plan de acción con medidas preventivas y/o correctivas, según corresponda”. (I)
