Segundo Cruz junto a su hija Britney en la planta PGU.

En el Día del Padre, las historias de un emprendedor y un operador mecánico recuerdan que algunas de las construcciones más importantes no levantan edificios, sino oportunidades que transforman el futuro de las familias.

Cuando se habla de construcción, la mayoría piensa en carreteras, viviendas o infraestructura. Sin embargo, algunas de las construcciones más importantes no están hechas de concreto ni aparecen en los planos. Se construyen con años de trabajo, sacrificio y decisiones tomadas pensando en la familia. Son oportunidades que cambian destinos, abren caminos para las siguientes generaciones y dejan huellas que trascienden el tiempo. Las historias de Raúl Andrade y Segundo Cruz son una muestra de ello.

Hace casi cuatro décadas, en Quinsaloma, provincia de Los Ríos, Raúl Andrade apostó por una oportunidad que marcaría el rumbo de su familia. Fue uno de los primeros franquiciados de Disensa en la zona y encontró en el negocio de materiales de construcción una forma de crecer junto a una comunidad que también comenzaba a desarrollarse.

Su hijo, Pedro Andrade, creció observando ese esfuerzo y entendió con el tiempo que el principal legado de su padre no estaba únicamente en los negocios que logró desarrollar, sino en la manera de enfrentar el futuro. “Siempre nos enseñó que debíamos ser visionarios, mirar un poco más lejos, ser creativos e innovadores para seguir desarrollando nuestras aspiraciones”, recuerda.

Aquella forma de pensar terminó echando raíces en toda la familia. Lo que comenzó con una generación hoy involucra a hijos, hermanos, sobrinos y nietos alrededor de varios puntos Disensa en la región. Pedro lo resume con una frase que refleja el alcance de ese legado: “Gracias a Dios ya estamos con la tercera generación. Mi padre, mi persona, mis sobrinos y prácticamente mis hijos”.

A cientos de kilómetros de allí, Segundo Cruz construía su propio legado desde una realidad diferente. Cuando era joven soñaba con estudiar Medicina y alcanzó a cursar dos años de carrera, pero las dificultades económicas lo obligaron a cambiar de rumbo. Aprendió mecánica industrial y comenzó un camino que, años después, lo llevaría a desarrollar una trayectoria de 18 años en Holcim Ecuador como operador mecánico.

En ese recorrido, hubo una decisión que terminó definiendo gran parte de su historia. Su hermano quería llevarlo a Italia para empezar una nueva vida, una oportunidad que para muchos habría sido imposible rechazar. Sin embargo, había algo más importante para él. “Mi hija tenía dos años y no tuve el valor para irme y dejarla sola”, recuerda.

Los años pasaron y aquella niña que lo veía salir cada mañana rumbo al trabajo, encontró también su propio camino dentro de la industria. Hoy, Britney Cruz forma parte de un programa de formación técnica en mecánica dentro de Holcim. Desde esa experiencia ha podido comprender mejor los esfuerzos que durante años observó desde casa sin dimensionarlos por completo. “Antes decía que trabajaba mucho, pero ahora entiendo todo el esfuerzo que hizo por nosotros”, reconoce.

Para Segundo, verla crecer profesionalmente representa mucho más que un logro laboral. Es la confirmación de que cada sacrificio tuvo sentido. “Estoy orgulloso de que tiene la fortaleza y la capacidad para enfrentar todos los desafíos”, afirma.

Aunque nunca se conocieron y construyeron sus vidas en realidades distintas, Raúl Andrade y Segundo Cruz comparten algo esencial. Ambos aprovecharon oportunidades que les permitieron construir un mejor futuro para sus familias y ambos descubrieron que el verdadero valor de ese esfuerzo no se encuentra únicamente en los años de trabajo, sino en las huellas que deja en quienes vienen después.

Décadas más tarde, uno ve cómo una visión familiar continúa creciendo en manos de hijos, sobrinos y nietos. El otro escucha a su hija reconocer el esfuerzo que durante años ella admiró desde la distancia y que hoy los une a través de una misma pasión y una misma industria. Son historias distintas, pero revelan una misma verdad: que el legado más importante de un padre no se mide por lo que construye para sí mismo, sino por las oportunidades que logra abrir para los demás.

En este Día del Padre, las historias que nacen alrededor de Disensa y Holcim Ecuador recuerdan que algunas de las construcciones más importantes no levantan edificios ni aparecen en los planos. Se construyen con esfuerzo, ejemplo y perseverancia, y tienen la capacidad de transformar generaciones enteras.

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