El debate presidencial dejó en evidencia las estrategias y prioridades de cada candidato, más allá del esperado intercambio de propuestas claras y fundamentadas. Lo que debió ser un espacio para profundizar en los planes de gobierno y captar el voto indeciso, se vio condicionado por un formato rígido y preguntas generalistas que limitaron el verdadero contraste de ideas. Los candidatos optaron por asegurar su electorado y consolidar la tendencia reflejada en las encuestas, conscientes de que aún restan quince días de campaña.
Daniel Noboa centró su discurso en polarizar el escenario, construyendo un relato de «bien contra mal» donde su proyecto encarna el futuro, y el correísmo, representado por Luisa González, el pasado. Colocó temas polémicos en la agenda, como el reconocimiento a Venezuela, el ECUADOLAR y la tabla de drogas, buscando asociar a su contrincante con la continuidad de gobiernos anteriores. Evitó exhibir resultados concretos de su gestión y se limitó a promesas futuras.
Por su parte, Luisa González adoptó una postura frontal y combativa. Denunció los incumplimientos de Noboa en el poder, evidenciando la falta de resultados y el desinterés en resolver los problemas urgentes de la gente. Su intervención destacó la falta de un plan de seguridad claro, la precariedad en salud y educación, y la ausencia de empatía hacia las familias ecuatorianas. Mostró cifras, cuestionó directamente a su oponente y marcó el ritmo del debate, asumiendo un rol firme que contrastó con la incomodidad y evasión de Noboa, quien en varias ocasiones evitó mirar a la cámara o a su contrincante.
En cuanto a propuestas, ambas partes esbozaron ideas, pero estas quedaron opacadas por la confrontación. González hizo un llamado a la unidad, al fortalecimiento de la institucionalidad y al respeto de la Constitución, mientras Noboa planteó reformas constitucionales y la posible instalación de bases extranjeras para combatir la delincuencia.
El debate también evidenció posturas claras sobre la gestión pública y el rol del Estado. González criticó el presente, denunciando las consecuencias de la actual administración, mientras Noboa buscó generar expectativas sobre un futuro hipotético. Un momento clave fue el reconocimiento de Noboa sobre la relación de su familia con una empresa investigada por supuesto tráfico y su negativa a cobrarles la deuda con el SRI.
De cara al cierre de campaña, se espera una mayor pedagogía sobre los programas de gobierno, que el debate no logró visibilizar del todo. La ciudadanía demanda salir de la polarización y conocer propuestas concretas para afrontar la crisis, en un contexto donde la imparcialidad del CNE y del TCE está siendo cuestionada. Asimismo, se espera que se respete la voluntad popular y el resultado electoral.
En definitiva, el debate reflejó dos visiones de país y estrategias opuestas: una que busca responsabilizar al pasado de los problemas actuales y otra que interpela al presente, exigiendo rendición de cuentas. El país necesita respuestas claras, y el tiempo de la confrontación debe dar paso a soluciones reales.

Pedro Cornejo Calderón.
