El Concejo Metropolitano de Quito conmemoró, este 24 de mayo, en una sesión especial, los 204 años de la Batalla del Pichincha, gesta heroica que selló la independencia de los territorios del Ecuador de la corona española.
El alcalde de Quito, Pabel Muñoz, acompañado de la vicealcaldesa María Fernanda Racines, los concejales y demás miembros de la administración municipal, entregó una ofrenda floral a nombre de la Alcaldía Metropolitana en el mausoleo del mariscal Sucre, quien fue asesinado en Berruecos en 1830. Los restos del mariscal reposan en la Catedral Metropolitana de la ciudad.
La concejala Sandra Hidalgo realizó el discurso histórico para recordar esta fecha e indicó que la vigencia de la Batalla de Pichincha se mantiene cuando los ciudadanos y las autoridades asumen un diálogo honesto y transparente. «La diferencia la hacen las personas, los líderes que inmantados por la excelencia del espíritu, por principios y fines trascendentes, realizan una permanente demostración de servicio eficaz en favor de los ecuatorianos».
Añadió que esta diferencia también la marcan los políticos honestos que forjan una nación justa, soberana y democrática, pero sobre todo los ciudadanos que se levantan todos los días a vencer innumerables obstáculos para levantar a sus familias, a sus barrios, a sus comunidades para poder construir un país de paz y prosperidad.
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Una batalla definitiva
En su relato, la concejala recordó los pormenores de una batalla que se libró en la faldas del volcán ante la vista de los quiteños. «Carlos Landázuri, en su ensayo sobre la independencia, manifiesta que el Ejército patriota ascendió a las estribaciones del Pichincha la noche del 23 de mayo, pero las faldas de ese monte son enormes y al amanecer del día 24, las tropas de Sucre se hallaban recién sobre el sur de la ciudad, donde fueron descubiertas y atacadas».
Ambos ejércitos sabían la importancia de la batalla, así que dieron todo de sí. Uno de los ejemplos de valor que pasó a la historia fue el de Abdón Calderón, a quien el mariscal Antonio José de Sucre describe de la siguiente manera: «Hago particular memoria de la conducta del teniente Abdón Calderón que, habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá compensar a la familia los servicios de este oficial heroico».
Calderón murió el 29 de mayo de 1822 y el general Simón Bolívar lo ascendió póstumamente a capitán del batallón Yaguachi. Cuando se preguntaba por el capitán, la tropa respondía: «murió gloriosamente en el Pichincha, pero vive en nuestros corazones».
El sacrificio de nuestros héroes no fue en vano. Al mediodía del 24 de mayo, el mariscal Sucre recibía la capitulación de Melchor de Aymerich, el último presidente de la Real Audiencia de Quito. En total, murieron en la batalla de Pichincha 400 realistas y 200 patriotas, mientras que hubo 190 realistas y 140 patriotas heridos.
