Las enfermedades isquémicas del corazón continúan siendo la principal causa de muerte en el país. Solo en 2024, se registraron 14.471 fallecimientos, según datos del INEC, una cifra que podría reducirse significativamente con la implementación de un protocolo nacional de atención para el infarto agudo de miocardio.
De acuerdo con la Sociedad Ecuatoriana de Cardiología – Núcleo Pichincha, entre el 14% y el 20% de estas muertes podrían evitarse mediante un sistema de atención coordinado, conocido internacionalmente como “Código Infarto”, que permite actuar con rapidez y precisión ante esta emergencia médica. “En un infarto, el tiempo es vida. Cada minuto sin atención adecuada aumenta el riesgo de muerte o de secuelas graves. Contar con un protocolo nacional puede marcar la diferencia entre vivir o morir”, señaló la presidenta del gremio, Liliana Cárdenas.
Además de una atención médica oportuna y organizada, también es importante que la población reconozca las señales de alerta, como dolor en el pecho o dificultad para respirar, y acuda a un servicio de salud ante la sospecha de un evento cardíaco. La combinación de una respuesta médica estructurada, basada en protocolos claros, y una adecuada identificación de síntomas permite mejorar significativamente la atención en este tipo de emergencias.
Atención desigual y limitada
Aunque existen hospitales con capacidad para tratar infartos de manera adecuada, estos se concentran principalmente en Quito, Guayaquil y Cuenca. En gran parte del país, especialmente en zonas rurales, el acceso a atención especializada es limitado, lo que incrementa el riesgo de mortalidad.
Actualmente, la mortalidad hospitalaria por infarto en Ecuador oscila entre el 10% y el 15%, mientras que países de la región que han implementado protocolos nacionales han logrado reducirla a niveles inferiores al 7%.
Especialistas identifican que muchas muertes se producen antes de llegar a un hospital con capacidad resolutiva o por retrasos en el diagnóstico inicial. Entre los problemas más frecuentes están:
• Falta de electrocardiograma en los primeros minutos
• Confusión de síntomas con otras afecciones
• Ausencia de rutas claras de derivación
• Demoras en el traslado de pacientes
“El problema no es la falta de conocimiento médico, sino la falta de organización. Un protocolo permite que las decisiones sean automáticas, rápidas y basadas en evidencia”, explica la doctora Sol Calero, miembro de la Sociedad de Cardiología, coordinadora del capítulo de isquemia.
Una solución viable y alcanzable
La implementación de un protocolo nacional de atención no requiere grandes inversiones. Según especialistas, se trata en un 80% de organización y coordinación del sistema, y en un 20% de recursos adicionales. Ecuador ya cuenta con infraestructura, medicamentos y talento humano. El reto está en articularlos a través de una red de atención eficiente que garantice tiempos adecuados de respuesta.
Un infarto no solo afecta al paciente, sino también a su entorno familiar y económico, ya que en muchos casos impacta a personas en edad productiva, generando la pérdida del sustento familiar, discapacidad permanente y altos costos para el sistema de salud; de hecho, se estima que 1 de cada 4 pacientes que sobrevive a un infarto mal atendido queda con limitaciones físicas, lo que afecta de manera significativa su calidad de vida.Un infarto no solo afecta al paciente, sino a su entorno familiar y económico. En muchos casos, impacta a personas en edad productiva, generando:
Desde la Sociedad Ecuatoriana de Cardiología se hace un llamado a priorizar la aprobación del protocolo nacional de atención del infarto, como una medida urgente para fortalecer la respuesta del sistema de salud frente a esta emergencia médica. “Ecuador tiene hoy la oportunidad de salvar vidas. Contamos con la evidencia, la experiencia y la capacidad técnica para implementar este protocolo; avanzar en su aprobación es un paso clave para garantizar una atención oportuna y eficaz en todo el país”. Foto: https://studikard.com/
