El cantautor ecuatoriano convirtió la migración, la resistencia y la ‘obsesión’ en un doble disco de oro.

Fernando Pacheco ha dado un salto histórico para la música nacional al recibir un doble disco de oro por las ventas digitales de su álbum Obsesión. Su logro —gestado entre Quito y Miami— consolida una trayectoria internacional en ascenso e ilumina con fuerza las dificultades estructurales que enfrentan los artistas independientes en Ecuador.

“Es básicamente un mega esfuerzo… no podría acabar de contarte todas las cosas que he vivido para este hito”, reconoce Pacheco, consciente de que sus avances han nacido en un terreno cuesta arriba para la mayoría de músicos del país.

Una carrera moldeada entre dos ciudades y muchos sacrificios
El camino de Pacheco es una travesía marcada por la intuición, el riesgo y el trabajo constante. Su historia junto al productor chileno Arturo Martínez comenzó en 2017, cuando ambos, aún sin grandes recursos, grabaron el álbum Mundo, que obtuvo reconocimiento en Florida y cimentó una alianza creativa decisiva. Ese proyecto —dice el artista— es la “conexión” que los mantiene creyendo el uno en el otro y los llevó a romper récords.

La ruta hacia Miami llegó de forma inesperada después de una invitación del productor Sebastián Krys, que lo condujo a los Latin Grammy y a conversaciones con figuras como Carlos Vives, Joan Manuel Serrat y Juanes. De esos encuentros nació la idea de desarrollar su carrera desde Estados Unidos. Sin embargo, advierte que la ciudad dista de ser un paraíso artístico:

“Miami no necesariamente representa mejores condiciones por ser una ciudad cara, saturada, que puede ahogar a quien no está en equilibrio.”

Migrar y resistir: la otra cara del éxito
Pacheco habla con claridad de un proceso marcado por la vulnerabilidad y el costo emocional que implica abrirse paso en un mercado extranjero.

“Llegar a migrar es una de las situaciones más duras que un ser humano puede tener”, afirma, resumiendo una experiencia que acompaña a miles de artistas latinoamericanos que deben salir del país para poder vivir de su trabajo.

La música —explica— es un trayecto largo en el que se enfrentan injusticias, soledad y episodios de maltrato. Se compara con los entrenamientos de élite de deportistas como Jefferson Pérez o Richard Carapaz, pero en un terreno artístico que exige resiliencia permanente. Finalmente, asegura que solo al superar esos golpes se puede empezar a hablar de éxito.

“Lo único que vale la pena realmente en esta vida es hacer lo que amas hacer.”

Un doble disco de oro que nace de un largo proceso interior
Obsesión, el álbum que hoy celebra el doble oro, es el resultado de siete años de introspección y disciplina. El disco entrelaza deseo, vulnerabilidad y determinación, con colaboraciones grabadas en Miami y Quito, y arreglos que reflejan una madurez nueva en el sonido del artista.

En un sector donde las reproducciones digitales suelen generar ingresos mínimos, alcanzar este nivel de ventas es un triunfo particularmente significativo para un músico independiente. Medios locales han destacado que el reconocimiento equivale a más de 20.000 ventas digitales, un margen inédito dentro de la industria ecuatoriana.

“Estamos en el futuro”: una visión que no se detiene
Cuando se le pregunta por lo que viene, Pacheco ofrece una respuesta que desafía las nociones tradicionales de tiempo y carrera:

“Estamos en el futuro, este es el futuro… incluso mi primer disco, lanzado el 6 de febrero de 2006, recién se oye en ciertas partes del mundo.”

Para él, la música no caduca: vive, se resignifica y encuentra nuevos oídos con el paso de los años. Por eso tampoco intenta predecir el destino de Obsesión:

“No te puedo asegurar que este disco empiece a pegar en uno o dos años.”

Un mensaje para Ecuador: sueños que se sostienen con hambre y coraje
Pacheco cierra con un mensaje que condensa su ética artística y su identidad:

“Queridos vivientes y oyentes, soy Fernando Pacheco, soy ecuatoriano, soy un provinciano… el poder está ahí, en el hambre, en amar lo que haces. Esto es aguantar paliza tras paliza y el único que decide hasta dónde llegar eres tú, que aguanta eso.”

Su doble disco de oro no es solo un reconocimiento: es un recordatorio de que, incluso en una industria desigual, el talento latinoamericano puede abrirse paso con autenticidad, disciplina y una fe profunda en el propio camino. Para la música ecuatoriana, su logro representa una señal inequívoca de que el país tiene historias —y voces— con proyección internacional. Por: Francisco Racines.

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