Luego de tres asesinatos registrados en la zona minera Chinapintza, ubicada en la provincia de Zamora Chinchipe, la Policía Nacional ejecutó una intervención que dio como resultado la captura de un brazo armado de la estructura criminal ‘Los Lobos’. Armas de corto y largo alcance y explosivos, tenían en su poder, con las cuales amenazaban a los habitantes y trabajadores del sector.

Tras el ultimo sicariato de este lunes 10 de abril, se reactivó el operativo de intervención en la zona con los agentes de inteligencia policial que investigaban este caso, ya que, el 25 de marzo y 2 de abril de este año, también hubo otras muertes con armas de fuego.

Hasta la zona minera situada en el cantón Paquisha, límite fronterizo entre Ecuador y Perú, llegó los efectivos de las diferentes unidades investigativas, preventivas y de intervención de la Policía Nacional, para detener a este grupo de delincuentes que, se habían apoderado de este sector minero, aprovechando que no había autoridad alguna que logre poner un alto a sus fechorías, señala el reporte policial.

«Esta banda narco criminal era señalada como autora de tres asesinatos a semanas seguidas. Las dos últimas muertes, presuntamente por disputa de territorio para la venta de drogas y extorsiones con otra estructura delictiva Los Choneros».

La última víctima, un dirigente barrial que pidió a las autoridades la intervención y que, al parecer, se habría negado a cancelar la vacuna que los delincuentes exigían. Él fue baleado junto al destacamento militar, en donde pasan un número no mayor a 5 uniformados.

Según la información preliminar, esta banda obligaba a pagar a quienes ingresaban a laborar $20 y cuando culminaban su jornada mensual, debían pagar $100, caso contrario atentaban contra sus vidas.

«Los negocios y dueños de minas no se quedan fuera de las extorsiones. A estos locales obligaban cancelar entre $500, $1.000 y hasta $2.000. Eran tan osados que, en horas de la tarde o noche, llegaban hasta la comunidad para amenazar a sus habitantes. Chinapintza por mucho tiempo se convirtió en tierra de nadie y esta banda criminal se encargaba de poner sus condiciones».

Pero el negocio al que con facilidad accedían, usando armas de corto y largo alcance y también de explosivos, cuyo dinero lo derrochaban en cerveza y placeres, se les terminó cuando la Policía, liderada por el Grupo de Operaciones Especiales GOE y de la Unidad del Mantenimiento del Orden UMO, los detuvo la noche del lunes y madrugada de martes.

En una casa de construcción mixta, junto a una quebrada habitaban esta organización criminal y allí se detuvo a: José Eduardo L. O., de 27 años; Steven Abel C. O., de 21 años; Javier Francisco N. C., de 25 años; Emerson Alexander N. C., de 23 años; Carlos Antero E. A., de 23 años; Jefferson Joel R. V., de 21 años; José Antonio S. V., de 22 años; Luis Anibal C. A., de 26 años; Segundo Yonsin C. A., de 21 años; y, el venezolano Anderson Javier V. A., de 24 años. Además, los adolescentes: Jonathan Enrique C. C., de 16 años; Maycol Andriu J. R., de 15 años.

Pero debido a lo agreste del terreno, otros se dieron a la fuga en medio de la oscuridad. Unas armas lograron recuperar los uniformados en medio de la espesa vegetación. Se presume que huyeron hacia territorio peruano.

Entre el arsenal encontrado constan: 5 subametralladoras, un fusil FAL, un fusil R15, 2 pistolas, 3 revólveres, una carabina MOSBBER, 8 alimentadoras, 225 municiones de diferente calibre, 11 tacos de dinamita, capsulas fulminantes, una motocicleta, radio Motorola, celulares y otras evidencias que usaban para amedrentar a los habitantes, trabajadores y comerciantes de la zona.

La Fiscalía investiga la actuación de esta banda narco delictiva que tendría participación en el contrabando de armas de fuego, municiones y explosivos desde Perú. Además, de la distribución y venta de drogas. Comercio ilegal que ha marcado una disputa sangrienta con otra banda delictiva y quitó la vida a personas que se oponían a este ilegal negocio. Justamente, el lunes en la tarde fue su última amenaza a los pobladores antes de su aprehensión. (I)
Por : Henry Jara

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