Militares de diversas unidades, de países amigos, chagras, montubios, campesinos y voluntarios reconstruyeron lo ocurrido hace 200 años. El recorrido inició en Guayaquil, el pasado 5 de mayo; y desde Cuenca partió el 7 de mayo.
Con la mirada fija en su objetivo de alcanzar la libertad, los soldados patriotas partieron desde el sur del país con destino a la victoria en las faldas de Pichincha.
La única posibilidad de liberar Quito era entrar por Guayaquil, gracias a que los patriotas guayaquileños habían proclamado la independencia el 9 de octubre de 1820.
El otro grupo de combatientes reposó en Cuenca y se preparó mejor para continuar su marcha. Las fuerzas patriotas, comandadas por el general Antonio José de Sucre, obtuvieron sus primeras victorias en Huachi y Cone.
El Ejército avanzó por caminos que ni siquiera eran de herradura, se trataba de senderos muy peligrosos en medio de pendientes. No había puentes y tenían que soportar la inclemencia del tiempo. Por allí transitaban comerciantes y contrabandistas. Pocas personas se aventuraban a cruzar porque eran senderos de mucho riesgo, apunta el historiador Alfonso Ortíz.
La Cabalgata Libertaria, compuesta por militares de diversas unidades, de países amigos, chagras, montubios, campesinos y voluntarios, reconstruyó lo ocurrido hace 200 años.
El recorrido inició en Guayaquil, el pasado 5 de mayo y desde Cuenca el 7 de mayo. En su partida, el general Luis Lara, ministro de Defensa Nacional, otorgó el sable insignia de mando al comandante de la Cabalgata Bicentenaria, General de Brigada Danilo Gachet, quien dirigió las tropas.
Las dos columnas del Ejército se unificaron en Riobamba, donde participaron en la ceremonia militar presidida por el general de brigada José Gallardo Carmona, jefe del Estado Mayor del Ejército y en el desfile cívico-militar que recorrió las principales calles para conmemorar el Combate de Tapi del 21 de Abril de 1822.
A continuación, los soldados se movilizaron a Sangolquí el 21 de mayo, luego avanzaron este domingo el 22 de mayo a Chillogallo para finalizar en La Cima de la Libertad este mismo día.
Cabalgata reconstruye este hecho histórico
La reconstrucción de la epopeya de los héroes comprendió, entre otras cosas: noches culturales ceremonias cívico – militares y carga de caballería.
Durante el trayecto, la gente se llenó de entusiasmo y civismo al recordar esta hazaña. Los habitantes de los poblados por donde cruzaron los militares destacaron la importancia de este hecho histórico.
“Esta cabalgata es muy importante porque estamos reviviendo nuestra historia. Excelente caminata recordando el camino de nuestros héroes desde el sur de nuestro país hasta las faldas del Pichincha”, comentó Ximena Alvarado, quien reside en uno de los puntos visitados.
Para Nicolle Bermeo,“esta iniciativa de las Fuerzas Armadas es un incentivo para la reactivación económica de todos los lugares que han visitado, a la vez que ha motivado a las nuevas generaciones a conocer un poco más de nuestra historia. Hemos valorado el esfuerzo de los patriotas al realizar este recorrido para lograr la liberación del Ecuador”.
El 23 de mayo, la marcha se realizó por senderos difíciles en una noche lluviosa
Los soldados gracias a los informes proporcionados por los habitantes del sur de Quito, cambian la ruta de ingreso a la capital, ante la presencia de fortificaciones realistas en varios puntos clave. Por ello se despliegan por las faldas del volcán Cotopaxi llegan al valle de Los Chillos, para posteriormente trasladarse a Chillogallo, comenta el historiador Alfonso Ortíz.
En la noche del 23 de mayo, en cumplimiento a las instrucciones de Antonio José de Sucre, los patriotas salen a Iñaquito, hasta El Ejido, porque esa zona estaba desguarnecida. Desde allí, avanzan por la parte baja del Pichincha, una zona muy difícil por su geografía, pero además porque el camino estaba lodoso como consecuencia de las fuertes lluvias registradas.
El libro Ejército en las guerras de independencia, tomo II, precisa que “La falda o explanada presenta una amplitud para el despliegue máximo de un batallón de infantería, su configuración topográfica es irregular y está cruzada por cortes pequeños que dificultan en unos casos e impiden en otros el movimiento de tropas a pie y más aún de tropas a caballo, toda vez que el sistema vial en esa zona debió ser muy precario y las pocas vías eran de herraduras y senderos que demandaban mucho esfuerzo a los hombres y a las acémilas…” (32).
El mencionado registro histórico señala que: “A las 21h00 (nueve de la noche) del 23 de mayo dispuso el general Sucre la marcha, empleando la ruta Chillogallo-Pucará-garganta del Huayrapungo-faldas occidentales del Unguí-Chilibulo- La Chilena, San Juan- Ejido del Norte, con el propósito de ubicarse a la retaguardia del enemigo e impedir que las tropas de refuerzo provenientes de Pasto se integren al ejército de Aymerich”.
El dispositivo de marcha estaba organizado con el batallón Alto Magdalena (Cdte. El coronel Córdova) en la vanguardia; a continuación, los batallones “Trujillo” y “Piura” al mando del Crnl. Santacruz; los batallones “Yaguachi” y “Paya”; y en la retaguardia el batallón “Albión” encargado del parque, fracciones de caballería y, finalmente, la artillería.
Es lógico pensar que la marcha nocturna por hacerlo por senderos difíciles, algunos tramos abiertos por indígenas que se adelantaron (practicaron el sistema de “movilidad” que realizan en la actualidad nuestros ingenieros militares), debió ser lenta y esforzada; además, por la oscuridad de la noche la columna de marcha se habría alargado y roto el contacto con relativa frecuencia.
La victoria del 24 de Mayo de 1822
Aproximadamente a las 08:00 del 24 de mayo la vanguardia llegaba al punto denominado El Campamento, después lo hacía el grueso, no así el batallón Albión con el parque y el resto de la retaguardia (caballería y artillería).
En las primeras horas de ese día, fue informado el presidente Aymerich que las fuerzas de Sucre habían abandonado Chillogallo y se encontraban dirigiéndose hacia el norte. Esta situación hizo que las tropas realistas trepen apresuradamente por las laderas del Pichincha para esperar en posiciones ventajosas a su adversario, -pues creían que éste había abandonado Chillogallo a la madrugada, por tanto demorarían en llegar hasta el lugar donde planificaron emboscarlo-.
Sin embargo, este error de apreciación les resultó fatal: la presencia de la vanguardia de Sucre y el resto de su tropa no les permitió organizar las posiciones previstas; por el contrario, tuvieron que combatir en desventaja.
A las 9:30 aproximadamente conocía el general Sucre que “el grueso de las fuerzas españolas avanzaban por el flanco derecho a ocupar las alturas en donde se hallaban los patriotas, ordenando que una compañía del “CAZADORES DE PAYA” efectuara un reconocimiento del enemigo y del terreno en dirección a la ciudad, seguida por otra del batallón “TRUJILLO”.
Como consecuencia del reconocimiento, antes de las diez de la mañana, la primera compañía del batallón PAYA descubrió que unidades realistas ascendían raudas para ocupar la altura del escenario de combate. La compañía del “Paya” fue la primera que se enfrentó a los españoles, quienes sorprendidos se detuvieron para reorganizar y adoptar el dispositivo de combate. El batallón “TRUJILLO” llegó en refuerzo de la compañía del Paya y se generalizó el combate. Dos compañías del batallón “YAGUACHI” al mando del coronel Morales entraron en acción reforzándole al “TRUJILLO”.
El coronel Córdova con dos Compañías del “MAGDALENA” pretendió maniobrar para atacar la retaguardia del adversario, pero un ramal insalvable de la quebrada Cantera no permitió que tal acción fuese ejecutada.
Entre tanto, el batallón realista “CONSTITUCIÓN” ocupaba posiciones ventajosas para enfrentar al Trujillo, unidad que comenzó a replegarse por falta de munición, y finalmente desapareció del escenario del combate. El “PIURA” fue designado para reemplazarlo, pero no cumplió tal disposición; por el contrario, “se desertó del campo de batalla”, acompañándolo en esta acción indigna los “GRANADEROS DE LOS ANDES” y los “CAZADORES DEL PERU”, que se encontraban en la reserva. Ante esta situación el coronel Ibarra, comandante de los “DRAGONES DE COLOMBIA”, recibió la orden de evitar el desbande de los escuadrones peruanos. Esta circunstancia fue aprovechada por las tropas realistas para avanzar y ubicarse en mejores posiciones, que les permitieran obtener ventajas tácticas para liquidar al adversario.
Ventajosamente para las tropas patriotas se hacía presente el batallón “ALBION”, con el parque que resguardaba, y entra decididamente en combate enfrentándose al personal del “ARAGON”, que trataba de ocupar posiciones dominantes. La carga impetuosa del “ALBIÓN” hizo que su contrincante cediera terreno; Sucre aprovecha la situación para disponer el empleo de su reserva, constituida por los batallones “YAGUACHI” y “PAYA”, respectivamente, al mando del general Mires, complementando esta acción con el ataque vigoroso del “MAGDALENA”, comandado por el intrépido coronel Córdova.
La acción ofensiva conjunta de las unidades patriotas impidió que las fuerzas realistas se reorganicen y restablezcan sus posiciones, produciéndose el consiguiente descontrol y desbande.
Los batallones “YAGUACHI”, “ALTO MAGDALENA”, “PAYA” y “ALBION”, aprovecharon de la situación favorable para arremeter con furia y hacer rodar a los vencidos soldados realistas por las faldas del Pichincha. Algunos de éstos, desesperadamente buscan refugio en el fortín del Panecillo, mientras que centenares de compañeros se entregaban prisioneros a las tropas victoriosas del general Sucre.
El coronel español Carlos Tolrá, comandante de la caballería española, trató de replegarse hacia el norte, pero fue impedido parcialmente por los escuadrones de los coroneles Diego Ibarra y Cayetano Cestaris.
Igualmente, dos compañías del batallón “CATALUÑA” que pretendían reforzar al ejército de Aymerich, se rindieron incondicionalmente al coronel Córdova, que había salido a enfrentárselas. Para evitar mayor derramamiento de sangre, el general Sucre optó por exigir la rendición de Aymerich, hecho que se efectuó el día siguiente.
Las tropas republicanas descendieron a las 5 de la tarde y después de recoger los heridos y conducirlos para su atención, vivaquearon en las lomas de San Juan a la entrada N.O. de la ciudad.
En un fragmento del parte de la batalla elaborado por Sucre, se lee: “Los resultados de la jornada de Pichincha han sido la ocupación de esta ciudad y sus fuertes el 25 por la tarde, la posesión y tranquilidad de todo el Departamento, y la toma de 1.100 prisioneros de tropa, 160 oficiales, 14 piezas de Artillería, 1.700 fusiles, fornituras, cornetas, cajas de guerra y cuantos elementos de guerra poseía el Ejército Español.
Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros, han regado el campo de batalla; además tenemos 190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros. Entre los primeros contamos al Teniente Molina y al Subteniente Mendoza, y entre los segundos, a los Tenientes Calderón y Ramírez y los Subtenientes Borrero y Arango…Hago particular memoria de la conducta del Teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas no quiso retirarse del combate…”
En un acápite de la narración que hace el coronel Manuel Antonio López, protagonista de dicha acción de armas, consta:
“El Comandante Makinstosh con el batallón Albión fue destinado a ocupar el Panecillo y recibir el armamento, parque y demás elementos de guerra; y como este cuerpo no tenía bandera para enarbolarla en la fortaleza, el General en Jefe me ordenó que fuese con él.
Luego que llegamos al Panecillo se presentaron los oficiales y la tropa española de nacimiento que habían capitulado, se formaron en la plazuela de la fortaleza, hicieron un saludo a su bandera, la bajaron, la guardaron en una caja para llevarla a España, entregaron las armas, y yo izé la de Colombia, que desde entonces empezó a flamear en la capital de Atahualpa”.
El 25 de mayo se celebraba la capitulación entre representantes del general Sucre y el mariscal Aymerich.
Byron Cervantes Lima (I)